jueves, diciembre 13, 2007

Pequeñas conversaciones

- Oye Smarlka, ¿tu crees en los humanos?
- ¿Humanos? no me vengas con cuentos de niños
- ¿Eso es que no crees que existan?
- Como historias para antes de acostarse están bien, pero no son más que eso: historias
- Vaya..... entonces no veré nunca uno....
- ¿Ver uno? ¡¿Y para qué quieres verlos?! si su aspecto es tal y como se narra en los cuentos antiguos, son gigantes que miden más de trescientos filords* y que se arrugan y marchitan con el paso del tiempo. ¿Para qué querría alguien ver un ser parecido? Es una suerte que no existan.
- Pero quizás vivan más allá del bosque.....
- ¿Más allá del bosque? ¿donde acaba la tierra cultivable y el aire respirable lleno de oxígeno? No me hagas reír. Esa zona está deshabitada, ningún ser sobreviviría allí más de uno o dos días.
- Quizás se hayan acostumbrado a ese hábitat.
- pero a ver, ¿acaso has visto tu alguno?
- no, pero....- Pues ya está! No has visto ningún humano en tu vida, por tanto no existen. Hace millones de años algún viejo gnomo inventaría a estos seres para poder dormir a sus tataranietos por las noches.
*un filord es una unidad de medida exclusiva de los gnomos

sábado, mayo 05, 2007

receta -- Brownie de chocolate

Ingredientes

80 gramos de mantequilla
150 gramos de chocolate negro (ojo! para fundir)
2 huevos
200 gramos de azúcar
90 gramos de harina
50 gramos de nueces o avellanas (consejo: añadir una pequeña cantidad de almendras molidas y dejar las nueces poco troceadas)



Preparación

- Calentar el horno (170º )

- Fundir el chocolate y la mantequilla en el microondas o al baño maria. Dejar enfriar un poco

- Batir los huevos (batir la clara separadamente opcional)

- Añadir el azúcar y la harina (poco a poco y removiendo todo el rato, para que no queden grumos)

- Añadir el chocolate y la mantequilla fundidos (remover antes de verterlo en el bol con la mezcla, porque al dejarlo reposar quedan separados)

- Añadir las nueces, avellanas, almendras etc (los frutos secos, vamos)

- verter en un bol previamente untado con mantequilla. Vigilar que quede aplanado (no hace falta que este perfectamente plano, sólo que no queden nueces por encima)

- Introducir en el horno a 175 º , 35 minutos


Una vez hecho, dejar enfriar y reposar un poco antes de comerlo! acompañado con helado queda buenísimo!

sábado, diciembre 30, 2006

09 ☆ Amigos imaginarios

Empiezo con la historia de Mario y Pedro, un niño de siete años y su mejor amigo: un ser imaginario. El primer capítulo es una introducción al mundo de Mario. Espero que os guste y seguiré con su historia en los capítulos siguientes.



Capítulo 1


A todos los niños les gusta jugar. Pero en muchos de sus juegos necesitan a otros niños que jueguen con ellos. El recreo es el sitio idóneo para realizar esos juegos: un gran espacio donde hay muchos compañeros con quien jugar. Pero todos sabemos que hacer amigos no siempre es fácil, y a algunos niños les cuesta más que a otros. Mario es uno de esos niños. Le gustaría jugar a piratas y, junto con el resto de la tripulación, surcar el patio en busca de tesoros escondidos. O ser un delincuente peligroso perseguido por la justicia en el Far West. O ser el protagonista de una de las series de dibujos que cada mañana ve en casa antes de ir a colegio. Pero para todo eso necesita alguien que grite con él: Al abordaje!!, que le persiga por el Far West o que haga de malo malísimo de su serie favorita.

Por esas razones Mario creo su amigo imaginario: es más bajito que él, de color lila clarito y puede saltar el doble que cualquier persona normal. Odia las mates (como él) y plástica es su asignatura favorita. Siempre escucha a Mario y cree que todo lo que hace es genial. Su nombre es Pedro.

- Es el mejor amigo que tendré nunca! – piensa Mario


Mario y Pedro se van a dormir pronto, puesto que los papás de Mario son estrictos con los horarios. Pero Mario se hace el dormido hasta que oye la puerta de sus padres cerrarse. Entonces enciende la luz de la mesita de noche y lee a Pedro sus tebeos favoritos (que siempre gustan a Pedro).

sábado, junio 17, 2006

08 ☆ Princesa

Marta solo tenía dos amigas: Ana y Mía. Siempre había sido una chica muy social, pero hubo un tiempo en que parecía que para los demás no importaba su simpatía, sólo su redondeada carcasa exterior. Lo pasaba mal. Miraba a su alrededor y todas eran perfectas. Pero ella no, la ropa no le quedaba igual, ni la gente se giraba al pasar ni tenía tanto éxito entre los chicos. Decidió acabar con su angustia y cambiar. Mucho ejercicio y comer más sano. Y la cosa tuvo resultados: todo el mundo se lo notó en tres semanas. Entonces pensó: ¿porqué tengo que esperar otro mes para ser un poco más perfecta?

Buscó un atajo. Una amiga le presentó a Ana y a Mía. Al principio las miraba con desconfianza. Ana no le caía especialmente bien (era tan difícil aguantar un día entero sin comer!). Con Mía todo era mucho más fácil: todos sus atracones carecían de importancia. Casi sin darse cuenta, Ana y Mía se habían instalado en su vida sin intención de irse. Sus amigos empezaron a mosquearse: ya no quedaba con ellos, ni les llamaba, ni hablaban. ¡Pero es que tenía que dedicar tanto tiempo a sus nuevas compañeras! Cada mañana se levantaba con ilusión, para ver cuánto había perdido durante la noche (os puede parecer increíble, pero se pierde peso durmiendo). De esa primera acción dependía todo su día: si había perdido mucho peso respecto al día anterior, se merecía un premio y se quedaría a comer en casa o quedaría con los amigos. Si había ganado peso tocaba ayuno total y haría ejercicio hasta quedar extenuada. Los últimos cinco años de Marta se habían reducido a premios o castigos

Quería acabar con todo eso pero no podía. Había superado de sobras la meta que se marcó en un primer momento, pero no era suficiente. Nunca lo sería. Los que antes se reían con ella la tomaban por enferma, por loca. No veían lo infeliz que era, nadie la ayudaba a salir de ese gran pozo sin fondo en el que estaba cayendo. Pedía a gritos que la ayudaran a salir pero no querían oírla. Al final, su enfermedad se la tragó por completo.




Dedicado a todas las que luchan día tras día. Espero que algún día lleguéis a ser princesas.

No está de más escuchar a los demás de vez en cuando.

sábado, mayo 06, 2006

07 ☆ Cosas que me gustan

El día no le había deparado nada especial. Miró hacia su cama y pensó que le gustaría tumbarse en ella y no levantarse en tres días. Miró el reloj de encima su escritorio: las dos y cuarenta y tres de la madrugada. Llevaba semanas yéndose a dormir muy tarde. Se tumbó. Media hora después seguía dando vueltas en la cama, pensando. El calor y las preocupaciones no le dejaban dormir. Cogió la libreta que tenía para los dias tristes y leyó:

- Cosas que me gustan:
El olor a hierba cortada

El olor a hierba mojada

Las fotos con cielos azules

Tener mariposas en el estomago

Comer cosas blanditas

El chocolate

Taparme con una manta los días que hace frío

Las camisetas a rallas y con lunares y las chapas

Hacer fotos cuando me apetece hacerlas, cuando veo algo que me gustaría fotografiar

Andar por caminos de piedras pequeñas

Pasear por calles estrechas

Tumbarme en la playa bajo el sol

Despertarme un domingo y quedarme en cama un par de horas soñando e imaginando cosas, montándome historias bonitas para acabar bien la semana

No continuó leyendo. Era domingo (por la madrugada, claro). Dejó la libreta en su sitio con una sonrisa en la cara. Se fue a dormir más animada, por la mañana tendría un par de horas para soñar despierta.

lunes, mayo 01, 2006

06 ☆ La honradez olvidada

- Departamento de objetos perdidos, buenas tardes. ¿En qué podemos ayudarle?
- Mire, quería saber si alguien había traído una bolsa.
- ¿una bolsa?
- Sí, una bolsa de tela negra con un paquete envuelto dentro.
- ¿I porqué tendrían que traerla una bolsa, aquí?
- ¿No es esto la sección de objetos perdidos?
- Sí, pero hace años que no nos traen nada. Solo niños. Puedes encontrarte una chaqueta o un jersey i quedártelo, que nadie te dirá nada. Al contrario, te admirarán por la suerte que tienes y te felicitarán. No se pondrá en cuestión tu integridad. Pero si encuentras un niño es diferente, no te lo puedes quedar.
- Bueno, pues gracias por las molestias.
- De nada, que pase un buen día.


Agnese colgó el teléfono. Se puso el jersey de punto azul marino y se sentó en la silla. Vio el balcón abierto y decidió cerrarlo, porque empezaba a tener frío. Se acercó al balcón y miró la calle llena de gente: unos niños que jugaban en la plaza, un hombre que compraba el diario al quiosquero de delante y, de repente, vio pasar un maletín marros delante suyo. Había caído del piso de arriba, de donde hacía rato que se oían gritos. Se asomó del todo al balcón y vio caer unas cajas de CDs de música, una de las cuales se abrió antes de llegar al suelo y el CD de dentro salió volando. Libros. Revistas. Unos zapatos de hombre del número 45. Todo iba cayendo del piso de arriba obligando a los viandantes de la calle a pasar corriendo si no querían ser atacados por algún objeto extraño. Agnese se preguntó si los vecinos habían comprado todas esas cosas o también habían encontrado alguna y habían presumido de ello después con los amigos.


Los gritos eran cada vez más fuertes. ¿Cuánto hacía que habían cambiado tanto las cosas? La gente se encontraba algo e la calle y ni se planteaba devolverla a su respectivo dueño. Las parejas parecían competir entre ellas para conseguir el mayor número de bodas y divorcios. La decadencia de los valores del
respecto y la honradez habían dado paso a esa nueva Roma, la Roma amoral.

jueves, abril 13, 2006

05 ☆ Lunares

Estaba mirando sus lunares. Tenia muchos: por las piernas, los brazos, la espalda. Unos eran pequeños, otros más grandes, otros eran como pequeñas pecas rojizas, de forma perfectamente redonda o más irregulares. Era una chica llena de lunares. Pero si alguien la describía nunca los mencionaba. Decían de ella que era alta, morena, con el pelo largo, pero nunca que tenia lunares por todas partes. ¿Porqué?, se preguntaba ella.

Sabía que lunar en francés se decía grain de beauté y conocía expresiones en catalán como la de cara pigada, cara estimada. Todo el mundo los admira pero nadie se fija en ellos. No se usan como elemento diferenciador para describir a una persona (y eso que no hay dos lunares iguales). Las pecas sí que las tienen en cuenta, pero los lunares no. Nadie veía los lunares, y eso que son más grandes. A Marilyn Monroe sí que se lo habían visto, y eso que sólo tenia uno. Cabe la posibilidad que fuera ella misma quien dijera un día a un periodista: ¿Ha visto que lunar que tengo? Y entonces se fijó (porque eso sí, una vez te fijas en ellos los ves muy rápidamente).

Seguía mirando sus lunares. ¿porqué estaban ahí? ¿Qué fuerza extraña hacía aparecer a un lunar? Además cambiaban de tamaño y forma a medida que pasaba el tiempo. Mientras se preguntaba si los lunares tenían algún significado oculto llegó a la conclusión que los suyos sí. ¿Quién podía negárselo? Nadie tenía pruebas en contra. Pensó qué utilidad podría dar a sus lunares. Entonces se le ocurrió: le servirían para crear. Los lunares que tenia impresos en la piel eran como las estrellas que vemos en el cielo, con miles de constelaciones por descubrir. Así que los días que no estuviera inspirada, miraría sus lunares en busca de alguna cosa, lo que fuera.

- Ya que nadie los ve, yo los miraré mucho- pensó.